AUDITORIA EY

Voy a partir de la base de que, conociendo desde dentro el mundillo y viendo cómo trabajan algunas de las “Big Four” (Deloitte, Ernst & Young, KPMG y Price Waterhouse), en las asambleas en las que se ha votado para el cambio de auditores para SGAE, siempre me he abstenido y cuando se me ha pedido opinión, siempre me he mostrado como un absoluto escéptico acerca de los informes. Sobre todo, si provienen de alguno de estos cuatro monstruos.

Las Cuentas de SGAE de 2013 y 2014 aún no se han aprobado. Las de 2013 han sido rechazadas dos veces por la masa social de SGAE. Sus dirigentes las vuelven a presentar para su aprobación el próximo 25 de junio amparándose, entre otras cosas, en el informe de auditoría de Ernst & Young. Tal es el caso de la carta dirigida a los socios del presidente Acosta.

Para empezar, la contabilidad de una empresa es secreta. Eso es algo que el Código de Comercio deja bien claro en su artículo 32. Es decir, cada entidad realiza los apuntes contables como le parece, dentro de la flexibilidad que permite la normativa.

Pero las cuentas anuales son públicas y se depositan en el Registro Mercantil para consulta de los denominados “usuarios de la información contable”

Estas cuentas anuales las elabora el consejo de administración, en base a los registros contables, que pueden realizarse con bastante margen para la imaginación, llegado el caso.

El Balance de Situación y la Cuenta de Resultados se complementan con la Memoria, que es igualmente un texto explicativo de los dos anteriores, redactado también por los mismos. No por los auditores, como muchos socios piensan, porque informe de auditoría y Memoria se nos presentan en un mismo cuadernillo.

Entre las labores de la auditora de turno, está la revisión de la contabilidad en sus puntos más relevantes, o no. Y se realizan muestreos aleatorios. Y se hacen un sin fin de revisiones y comprobaciones. Y se concilian saldos…

Y claro, todo eso cuesta una pasta. Un pastón, perdón. En el caso de SGAE y de su auditora Ernst & Young, desde 2012 y en base a diversos conceptos y trabajos encargados, aproximadamente 1,5 millones de euros. Además, tanto en la etapa de Reixa como en las dos de Acosta, la Junta Directiva de SGAE ha insistido en mantener a la misma empresa auditora, sean o no rechazadas las cuentas que ha auditado.

Y ¿quién paga toda esa pasta que nos supone unos cuantos cientos de miles al año? El mismo que encarga la auditoría, que es el mismo que confecciona las cuentas. La empresa auditada.

Y mientras no cambie la normativa al respecto, como en otros países de la UE, corremos bastantes riesgos inherentes a este hecho. La ausencia de imparcialidad. Y la ausencia de sanciones ejemplares a las auditoras cuando se descubre que los informes de auditoría no se confeccionaron con el debido rigor.

Imagínese el lector, si cada vez que fuéramos a juicio por cualquier tema, entrásemos en la sala y le dijésemos a su Señoría, “buenos días señor juez, soy yo al que juzgan, yo le he elegido a usted para que me juzgue, y aquí tiene, 750.000€ por sus servicios.

Pues algo muy parecido pasa en España con las auditorías.

Y para terminar y para no aburrir con argumentos y opiniones personales, para muestra, varios botones.

Una de nuestra Ernst & Young, la misma empresa que audita las cuentas de SGAE desde 2012,

Los resultados reportados por Gowex para el año 2013, que resultaron falsos, arrojaban una facturación de 182,6 millones de euros, unos recursos propios de 94,4 millones y un nivel de caja de 54,8 millones. Los datos han sido reconocidos como falsos y están pendientes de revisión.

Otra de la misma empresa que audita a SGAE: Caja Castilla La Mancha y Ernst & Young

Al cierre de 2008 Caja Castilla la Mancha (CCM) presentó unos beneficios de 29 millones, y no los 192 millones de pérdidas que luego constató el Banco de España tras la intervención.

Otro ejemplo sangrante: Bankia y Deloitte, nuestros anteriores auditores. Los peritos del Banco de España descubrieron que el grupo realmente perdió 1.830 millones de euros frente a los 252,87 millones de beneficio que Bankia declaró antes de la marcha de Rodrigo Rato.

Y otro: Gescartera y la auditora Deloitte

El Tribunal Supremo sancionó con un total de 685.432 euros  a la auditora Deloitte & Touche. El motivo de la multa era la infracción administrativa en su auditoría sobre las cuentas de Gescartera en el ejercicio 2000. Los apoderados de Gescartera Antonio Camacho y José María Ruiz de la Serna ocultaron durante años el listado de clientes y la liquidez de la agencia de valores para evitar que saliese a la luz un desfase patrimonial de 50 millones de euros, según testificaron Carlos Sánchez-Vilar y Carlos Bucero, interventores de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).

Así que, como sé que en el momento más inoportuno empieza a subir la procesión de los todoterrenos de la Guardia Civil por Fernando VI, y como no es la primera vez, pues no me creo los informes de auditoría de SGAE de Ernst & Young, ni los de Deloitte ni los del Sursum Corda. Quien se agarra a esos informes para afirmar que las cuentas son indiscutibles, o es un ignorante de la materia, o es un temerario. Y por cierto, me da bastante vergüenza que año tras año aparezcan las salvedades por falta de información que afecta al alcance de no sé qué gaitas de la opinión del auditor.

Por lo menos, con lo que cuesta, podían hacernos un informe favorable. Total ya puestos…

Javier Arias, autor. Socio de ACAM y especialista en Contabilidad

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