MARTY BANDIER SI SONY ATV directivo major ASCAP BMI

En los últimos años, la industria musical parece que quiere resurgir de sus cenizas. Y es precisamente Internet, el online, el mismo medio de explotación que comenzó a asfixiarla primero y a recluirla después, el que le brinda una nueva oportunidad.

Internet, a través de sus modelos de negocio de streaming y de descarga de pago, ha revertido en la industria increíbles sumas de dinero. En especial, los derechos de autor y la remuneración directa de los mismos parecen haber tenido un destacado repunte si atendemos a los indicadores que los nuevos operadores nos facilitan.

La nueva normativa europea, las constantes acciones jurídicas de uno y otro bando, el incesante movimiento accionarial que rodea a los principales operadores del online, los movimientos legislativos alrededor de las sociedades de gestión de derechos de autor y las sentencias de cortes europeas en materia digital y de compensación por copia privada describen un panorama hiperactivo.

Sin embargo, hoy más que nunca, los autores sufren cada vez más una bajada en sus ingresos que hacen saltar todas las alarmas. Además, a tenor de las reclamaciones de algunos ámbitos autorales no parece que las ingentes cantidades de dinero movidas por el online vayan al bolsillo de los creadores. ¿Dónde va entonces el dinero que genera el online?

Parece imprescindible aclarar en una serie de publicaciones sobre el entorno online y el derecho de autor, las perspectivas de futuro y los movimientos que se han realizado, los que se pueden ejecutar aún, y aquellos que sería recomendable iniciar en torno al mayor tsunami generado en torno a los autores.

La carta de Bandier

Hace poco más de dos años, conocimos directa e indirectamente la comunicación que Martin Bandier dirigía a sus autores ASCAP y BMI. De la misma, fechada el 9 de julio de 2014, se hicieron eco inmediatamente medios especializados de tanto prestigio como el New York Times o Billboard, entre otros.

Su importancia radica no solo en su contenido, que parece todos intuíamos ya hace tiempo, sino en que es la primera vez que se explicita, sin complejos, la agenda digital de las majors: retirar la gestión del online a las entidades de gestión y dejar a estas con una competencia meramente analógica y de escaso valor hoy en día.

Esto no sería tan grave para el autor si al final de la cadena digital el dinero generado le llegara a sus cuentas. Pero ni fue así en el pasado ni parece que lo sea en el presente. Los ingresos de los autores por la explotación online de su obra son prácticamente inexistentes en casi todos los casos, y muy poco relevantes en aquellos VIPS que tienen la suerte de recibir algo por este concepto.

Bandier, uno de los ejecutivos de mayor rango a nivel internacional en la industria, comentaba a sus autores que “el año pasado les escribí para anunciar que Sony ATV había tomado el papel protagonista en la protección de vuestros derechos en el entorno digital, retirando de ASCAP y BMI ciertos derechos de ejecución digital.”

Por ello, el CEO de Sony ATV afirma que “retirando ciertos derechos y entrando en negociación directa, el proceso se vuelve más eficiente, menos costoso y, finalmente, más transparente y beneficioso para todos.”

``Queremos quitar los derechos digitales a ASCAP y BMI para gestionarlos desde Sony ATV``

Marty Bandier

El anuncio, contrario a toda legislación vigente en casi todo el mundo occidental por motivos que expondremos más tarde, se hacía aún más explícito cuando Bandier indicaba que “había numerosas razones para esta retirada. Una de ellas era que ASCAP y BMI operan bajo unos muy antiguos “decretos de mutuo consentimiento anti-Trust que dictan como ellos negocian y conceden licencias”, algo que al ejecutivo le parece que provoca que “licenciar los derechos de ejecución es, a menudo, largo, caro y con el resultado de tarifas artificialmente rebajadas desinfladas.”

El ejecutivo afirma que existe un problema con la percepción de las remuneraciones que se generan en el online, le achaca ese problema a las entidades de gestión y se auto impone como único negociador válido, transparente y fiable de los derechos digitales de sus autores. Pero no parece una solución legal, hecho que él mismo reconoce más tarde en la citada carta.

``La Corte Federal sentenció en 2013: no se pueden retirar únicamente los derechos digitales``

Marty Bandier

Bandier indica que “desgraciadamente, en dos sentencias de final de 2013, la Corte Federal sentenció que los editores musicales no pueden retirar selectivamente derechos de ejecución de ASCAP y BMI. En otras palabras, un editor tiene que mantener estos derechos (incluido el “digital”) con las dos sociedades de derechos de ejecución, o llevárselos todos. Como resultado, todos nuestros derechos de ejecución están actualmente con ASCAP y BMI.”

Los autores han recurrido al servicio de las entidades de gestión como únicas garantes de la defensa no interesada y ausente de conflictos de los derechos de autor por ellos generados, algo que, además, el legislador ha creído hasta hace poco como imprescindible, legislando las correspondientes leyes de propiedad intelectual que, entre otras cosas, regulan el funcionamiento de las mismas.

Como consecuencia de esa actividad legislativa se establecen mecanismos de vigilancia para que las entidades de gestión sean transparentes, sometidas a tutoría de los gobiernos y sin ánimo de lucro. Ninguna de estas características parecen propias de una editorial discográfica y mucho menos de una major. De ahí que todas las sospechas, suspicacias y alarmas saltaran a la lectura de la carta de Bandier.

ASCAP Pop Music Awards 2009

El Negocio Digital

Ya hace tiempo que las cifras que se mueven en la industria musical marcan la tendencia: el mundo digital es ya su principal fuente de ingresos. Por ello, y porque el mundo analógico marca un camino de declive constante en cuanto a su potencia económica e industrial, es lógico pensar que todos los actores del mercado se han lanzado a su conquista. ¿Todos?

Al contrario de las cifras que marcan el mercado, las entidades de gestión, que son las únicas que aún pueden legalmente gestionar los derechos que los autores generan online, no parecen repartir –ni recaudar- nada o casi nada de lo que el mercado digital parece estar abonando. Bandier explica la situación: “como ustedes, nosotros queremos que los servicios de música digital tengan éxito ya que proveen de fantásticas nuevas formas, para los amantes de la música, de escuchar música, y tienen el potencial de generar importantes nuevos rendimientos para todos nosotros.”

Y, tras reconocer su natural interés en el mercado digital, cree que “el actual sistema da como resultado lo que nosotros creemos unas tarifas injustas, la cantidad que se está pagando a los autores de canciones es inaceptablemente baja y de ninguna manera refleja la vital contribución que ustedes hacen para el éxito de estos servicios.”

La iniciativa de las Majors

A las líneas enumeradas por Bandier hay que añadir que ya es un hecho por todos conocido que las editoriales de las majors han negociado supuestamente sus contratos de licencia directa con casi todas las fuentes de generación de negocio en el online, ya sean explotaciones realizadas por streaming o por descarga legal. Pero la carta de Bandier se centra en las áreas jurídicas y de administración y cesión parcial de los derechos a las entidades de gestión.

Bandier califica la gestión iniciada por las majors de “agresiva”, y añade que “para superar los desafíos de la legislación actual y la normativa reguladora, estamos dedicándonos agresivamente a las siguientes actividades:

  • Trabajando en vuestro nombre con el Departamento de Justicia de U.S. para revisar los “decretos de mutuo consentimiento” y permitir la cesión parcial de los derechos de ejecución.
  • Apelando la decisión de la Corte sobre tarifas para que la cesión parcial sea permitida.
  • Explorando otras opciones, incluyendo la potencial retirada total de todos los derechos de ASCAP y BMI.”

Llama la atención que se hable abiertamente de “trabajar” con el Departamento de Justicia. Esa labor de lobby, que tanto echamos en falta hoy en día en las principales entidades de gestión, parece que ha sido crucial en el comienzo de la batalla del online que, claramente, tienen de momento ganada las editoriales majors.

Además se confiesa por vez primera algo que todos veíamos como un futurible imposible: la retirada total o parcial del repertorio de las majors a las entidades de gestión de derechos de autor.

Parece que esa es su intención pero, obviamente, ninguna legislación del mundo occidental permite aún la retirada parcial de la gestión de una parte de los derechos de la obra, y la laguna legal en la que se meterían acaba por ser confesada cuando leemos lo que tienen preparado.

Así, el destacado ejecutivo de Sony ATV narra que “tenemos la esperanza de que el DOJ [Departamento de Justicia] y el proceso de apelación reconozcan los beneficios y la ecuanimidad de la retirada parcial de los derechos de ejecución. Esto nos permitiría retirar solo aquellos derechos que nosotros creemos que podemos licenciar más eficazmente nosotros mismos (por ejemplo: digital), y mantener nuestros derechos con ASCAP o BMI, u otros donde la gestión colectiva (por ejemplo, bares, restaurantes, y actuaciones) tiene sentido para autores, editores, y titulares de licencias.”

``Queremos licenciar directamente lo digital y dejar los bares y el directo en la gestión colectiva``

Marty Bandier

No podemos negar que sus manifestaciones son diáfanas y cristalinas. No hay duda alguna: si el DOJ se lo permite, se llevarán la parte de los derechos de autor que más generan –y que más van a generar en el futuro-, la parte digital y online, fuera de las entidades de gestión, y dejarán para éstas tan solo las “analógicas”, unos restos cada vez menos interesantes para toda la industria y, a corto plazo, totalmente insignificantes en comparación con los del online.

Una retirada total y global de los derechos de autor de las editoriales majors de las entidades de gestión se antoja imposible pero sería brutalmente decisiva para la desaparición de estas tal y como las conocemos en la actualidad. Pero llama poderosamente la atención cómo se asume que la autoría de la obra y su gestión pertenece al editor y no al autor. Y quizá más, el hecho de hablar en esos términos de un estamento judicial…

En efecto, en ningún momento parece que se hable de la obra de autores que ellos, los editores majors, han “publicado”. De hecho, en casi ningún sitio del importante texto aparece la palabra autor. Y, también de hecho, parece que el titular de los derechos es en exclusiva el editor major que decide lo que es mejor para el autor, aduciendo únicamente que tendrán lo que denomina como “conversación” con “socios potenciales que nos ayuden” pero parece que no con autor alguno.

``El procedimiento legal no está totalmente en nuestras manos``

Marty Bandier

Sin embargo el texto concluye con algún guiño a la masa autoral a la que iba dirigida la carta que, como hemos dicho antes, ya data de julio de 2014 aunque incluye toda la ruta seguida desde entonces por el mercado autoral online como veremos en posteriores artículos.

Así, el Chairman de Sony ATV afirma que “tomamos nuestra responsabilidad como vuestro editor musical muy seriamente. Sabemos que nos enfrentamos a algunas decisiones difíciles que impactaran en nuestro negocio en los años venideros. Somos optimistas acerca de que superaremos estas cuestiones y estableceremos el escenario para un mejor futuro para vosotros, nuestros compositores.”

El texto finaliza con la palabra clave: compositor, autor. Al que conmina a dirigir su mirada únicamente al mercado online del que reconoce que “sigue creciendo rápidamente” y con el que “estamos entusiasmados con todas las oportunidades que se nos presentan por delante.”

Cong. Doug Collins y Fiscal General sobre propuesta DOJ

El Futuro del Online. Preludio

Tras su primera difusión en 2014 hemos podido analizar los movimientos del mercado. Todos apuntan a tres direcciones:

  1. Las editoriales majors tienen muy claro su itinerario y lo están ejecutando sin vigilancia legislativa alguna y con poca o muy poca presión por parte de las entidades de gestión
  2. Los autores y sus representantes en las entidades de gestión no parecen haber encontrado ni el rumbo ni la agresividad lobbistica recomendable para el cambio radical de la industria musical con el apogeo del online
  3. Aquellos autores y artistas de alto rango internacional que han podido plantar cara a este movimiento unidireccional de las editoriales majors y de las plataformas del online lo han hecho.

Aún se desconoce si unos y otros actores de la industria conseguirán sus objetivos. Las editoriales majors, gestionar unilateralmente el mercado online a espaldas de las entidades de gestión. Los autores, cobrar lo que se genera con su obra en el online.

Por los datos que conocemos, casi ningún autor puede aún demostrar a dónde van esos más de 3.000 millones de euros que plataformas como Spotify declaran haber pagado en concepto de derechos de autor. Y esa cifra era de 2014, y de una única plataforma de streaming. Se puede adivinar su destino, actuar en consecuencia y presionar al legislador para que, por fin, regule un mercado que ahora parece desbocado, sin vigilancia alguna y, lo que es más grave, totalmente ajeno a la gestión autoral legítima.

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