DIEGO MANRIQUE PERIODISTA DEL PAIS

En julio de 2011, tras la mediática entrada de la Guardia Civil a SGAE, ocurrieron muchas cosas. Pero las más graves para los autores fueron aquellas que nunca se vieron en los telediarios. La radiografía de cómo y por qué ha cambiado la industria musical en estos últimos cuatro años queda perfectamente dibujada en el artículo de Diego A. Manrique de El País El Desafío de la Industria Musical.

El texto de Manrique para El País, brillante y documentado, nos sitúa ante varias preguntas desde nuestra visión de autores. Ante el panorama analizado en el mismo, el camino que ha tomado nuestra industria y las causas del cambio de modelo a otro en el que los autores apenas cobran por su trabajo, se nos ocurren varias preguntas. Alguna de ellas podría incluso formar parte del análisis acerca del cambio de modelo de industria musical.

Diego A. Manrique plantea, tras un análisis histórico exhaustivo, que el panorama presente digital del streaming y las descargas legales “se parece a un cártel”. Y continúa aclarando que “Las tres grandes multinacionales (Universal, Sony, Warner) han firmado con las empresas de Internet contratos secretos nondisclosure agreements, que, esencialmente, les permiten repartir lo recaudado de forma arbitraria”.

ACAM puede dar fe de este extremo, conocedores de algunos de los términos de esos contratos, que explicaremos en próximos posts, y de las consecuencias de los mismos que los más ilustres socios de esta casa intentan, sin ningún éxito, aplacar para conseguir alguna migaja de los millones que supuestamente generan sus obras en Internet.

¿Qué ha ocurrido para que SGAE con su poderoso repertorio, su antiguo poder económico y financiero, su impecable fuerza jurídica y política ahora inerte, no pinte nada en este revolucionario panorama desde hace ya cuatro años?

En una SGAE en la que se gobierna pactando con las multinacionales del disco que menciona Manrique, las que según él reciben las “cantidades multimillonarias que Spotify paga por el derecho de acceso a los catálogos de las multis, dinero que no repercute en los artistas”, no se podría esperar mucho más. Manrique, además, hace hincapié en que “algunas grandes compañías son accionistas de Spotify”, lo que hace que “las sospechas sean inevitables”.

Diego Manrique / Metropoli

Hay muchos datos del pasado de SGAE que nos permitirían enfrentarnos a un futuro que ya es presente. Conocer esos datos financieros, políticos, jurídicos y sociales no es difícil. Teddy Bautista y su equipo se enfrentaron a la situación descrita por Manrique, aun en sus orígenes y con un claro posicionamiento de vanguardia frente a otras entidades de gestión, intentando proteger al autor además de ofrecer una alternativa social: la Central Digital, un circuito de salas dedicado a la música, alianzas con las otra cinco sociedades mundiales importantes…

En un próximo artículo intentaremos contrastar los datos financieros, jurídicos y sociales que han cambiado desde el 2011. Pero basta con hacer una breve reseña de nuestro presente.

A esto también se refiere Manrique, cuando recalca que “durante los años calientes, cuando se intentaba minimizar la sangría de Internet, las discográficas esencialmente dejaron que la SGAE llevara el peso de la (impopular) batalla”. El autor del texto no es ajeno a las consecuencias de aquella “dejadez” de las discográficas y señala que tras ver “la espectacular defenestración de Teddy Bautista, uno puede comprender la reticencia de las disqueras [en abanderar la lucha anti piratería], aunque no disculpar su incapacidad para reivindicarse como agentes culturales”.

SGAE no cuenta aun con una estrategia de liderazgo en ninguno de los sectores en los que antes era cabeza de serie mundial. Su recaudación baja sin señal alguna de recuperación seria. Sus principales usuarios le han dado ultimatums que vencen ahora, en septiembre, justo antes de la renegociación del contrato con las TVs. Su falta de liderazgo jurídico y de lobby político le ha dejado al borde del abismo con la nueva LPI y los reglamentos que ahora propone a toda prisa este gobierno saliente.

En cuanto al mercado digital, SGAE no promueve ya el desarrollo de software -antes era pionera en esta rama- ni en el establecimiento de alianzas internacionales que hagan lobby ante los grandes operadores de la web. Su diseño de mercado digital, en el que en 2011 lideraba varios proyectos de desarrollo de software, alianzas internacionales y desarrollo legislativo internacional, ahora no existe. Se destruyó en algunos casos, en otros se abandonó la gestión.

Teddy Bautista / CNN+

Desde la irrupción en SGAE de la Guardia Civil el 1 de julio de 2011, en pleno cambio de modelo de la industria musical, muchos datos indican que el nuevo modelo y la transición al mismo ha tenido en España y el repertorio latino un aliado especial: el desmantelamiento del poder financiero, logístico, político, juridico y lobbista de SGAE.

En España, en el primer Consejo de Ministros de Rajoy al llegar al gobierno en 2011, se aprobó la primera decisión que ha terminado con más de 100 millones de euros anuales que la industria abonaba a los autores por la copia privada: primero se decidió que el Estado pagase esa remuneración con dinero público para después reducirla a unos 5 millones que aún se pagan con los impuestos de todos, ahorrando a la industria que se beneficia de la copia privada más de 100 millones de por vida.

También en España se reparte en 2012 y 2013 de manera muy sospechosa una cantidad aun por determinar del Pendiente de Identificar que podría superar ya en 2015 la suma de 150 millones. Y es en España, desde 2011, donde se legisla una nueva Ley de Propiedad Intelectual que va contra toda la nueva normativa europea y protege al usuario frente al autor y le faculta en la práctica para decir cuánto quiere pagar por usar nuestra obra, y no al revés como ocurre con cualquier otro bien de uso privado.

En España, desde 2011, el gobierno de SGAE depende del voto de las editoriales multinacionales del disco que dirigen la sociedad en alianza con los autores de audiovisual y gran derecho. La pérdida de repertorio, autores y gestión de esos dos colegios por parte de SGAE ha sido desgraciadamente notable. Aún más con el cambio de la SACD francesa a DAMA, capitaneado por la ahora ejecutiva de SGAE Janine Lorente. Particularmente notable es el caso del audiovisual, que ha perdido a todo el cine francés y podría perder, ojalá nunca ocurra, el de la MPA, es decir, el cine de los grandes estudios de Hollywood.

En medio de ese panorama, Manrique nos desglosa al fin dónde va, quizá dónde fue, la Industria Musical, la de verdad. Y nosotros llevamos tres años discutiendo sobre el trasnoche en la televisión, sobre las músicas de madrugada.

El futuro y el presente del derecho de autor se dirime en los meta data de los insertados en los archivos que producimos como música al subirlos a las plataformas digitales, en la legislación y jurisprudencia universal sobre las propiedades privadas en Internet, en las formulas de explotación del negocio en un mundo en el que incluso Apple declara que la propia TV va a cambiar para siempre.

Por ello convendría que SGAE por fin encontrara el hueco necesario para alcanzar un pacto de gobernabilidad entre autores. Ya no parece que la salud de una casa que hace cuatro años era modelo internacional y vanguardia en la salvaguarda de los derechos que generaba Internet siga protagonizando luchas intestinas lideradas por quienes sí se están llevando el capital que se genera en el online.

La configuración de un Plan Estratégico consensuado, y nunca impuesto, entre los autores se antoja como una prioridad urgente. Nadie entiende que no exista uno, que no haya sido consensuado y que los autores no lo conozcamos. La Junta Directiva debe gobernar, de una vez, SGAE.

SGAE no está protagonizando ninguno de esos espacios digitales tan bien descritos por Manrique, cuando hace tan sólo cuatro años los lideraba. SGAE se ocupa en la actualidad de otras cosas: contrata directivos sin dirección estratégica aparente, legisla y desprotege al autor cortando sus anticipos, ocultándole su gestión, vendiendo al por mayor sus teatros, repartiendo sus bolsas de efectivo sin criterio, dejando caer y caer la recaudación sin buscar alternativa alguna y, eso si, hablando de la madrugada en la televisión.

Entre tanto, el Gobierno aprovecha, con una celeridad que hace aún más sospechosa su gestión, y legisla en fin de las entidades de gestión en pleno agosto. ¿Hay alguien por ahí?

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